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Septiembre 2003
"Mi carrera en Hollywood no será como la de Penélope Cruz"
Texto: OSKAR L. BELATEGUI

Con un presupuesto de 95 millones de dólares, Van Helsing se presenta como la última superproducción de Hollywood en cine de acción y terror. Hugh Jackman encarna al célebre cazavampiros y, tachán, como novia de Drácula aparece Elena Anaya, que salta a Hollywood tras Penélope, Banderas y Mollà. Mientras, esta palentina de 28 años, secundaria de lujo en Familia, Lucía y el sexo y Hable con ella, se mete en la piel de una terrenal chica de alterne en Dos tipos duros.
- Resines y Vilches no parecen dos tipos muy duros
- No lo son. Los tipos duros de esta película son las mujeres que interpretamos Rosa María Sardá y yo. Ellas sacan las castañas del fuego y consiguen siempre lo que quieren.

- 'Dos tipos duros' pretende, ante todo, hacer reír
- Cuando leí el guión me tronché. Y no lo hago con facilidad. Me pareció muy surrealista, con un sentido del humor muy negro. Quise conocer al tipo que había mezclado la comedia costumbrista de siempre con el cine de Tarantino

- ¿Qué es para usted el cine?
- Una forma de ayudar a contar historias a otras personas para que se entretengan y se queden con algo. Lo bonito del cine es que todavía me pasa algo cuando veo una película.

- ¿Todavía?
- Sí. Aún me fascina. Llego a la sala, se apagan las luces y me ilusiona escuchar la musiquilla que precede a los títulos de crédito. Todavía se produce la magia, aunque conozca las tripas, el mecanismo de las películas. Antes me fijaba en mis compañeros, en cómo habían mejorado, en la fotografía… Ahora me aburre tanto todo eso que prefiero dejarme llevar y disfrutar de la película.

- ¿Con qué director ha aprendido más?
- Alfonso Ungría fue el primero. Él me enseñó casi todo en 'África'. Después han venido Fernando León, Julio Medem, Agustín Díaz Yanes… Con Pedro Almodóvar ves cómo es un genio. He tenido suerte, porque he elegido los proyectos que me gustaban sin guiarme por el dinero, que nunca me ha hecho falta. Cuando no trabajo, sigo estudiando, porque me cuesta bastante lo que hago, no tengo el don de actuar. Me lo curro bastante.

- 'Van Helsing'. ¿Qué pinta tiene?
- Tiene pinta de superproducción, con unos efectos visuales increíbles y actores soberbios. Los malos no son malos sin más, como en las películas de Hollywood. Aquí luchan por sobrevivir.

- Una imagen del rodaje.
- El primer día en Praga, volando colgada de dos cables y un arnés sobre el Puente Carlos, a doce grados bajo cero. 500 personas observándome. Y yo preguntándome que hacía allí.

- Ahora queda muy bien decir que Hollywood no era una prioridad.
- No lo es. Me fui a Hollywood a rodar una película independiente, 'Stage Kiss', que quizá algún día se estrene. Después me salió 'Van Helsing'. Y, ¿cuándo voy a volver a tener la oportunidad de volar como una vampira?

- Vamos, que no piensa aceptar cualquier cosa.
- No. Iré donde me ofrezcan buenas historias, y creo que hay más en Europa que en EE UU.

- ¿Le gusta el carrerón que lleva Penélope Cruz?
- Es una actriz que me interesa mucho. Aquí la gente no la respeta y se porta muy mal con ella: la critican y se inventan rumores. Lleva una carrera ejemplar, pero no va a ser la que yo siga. Porque somos dos personas totalmente distintas.

- Usted no da el tipo de latina temperamental.
- Puedo cambiar mucho de película en película. Esas transformaciones me ayudan a crear los personajes.

- Ha estado un año fuera. ¿Qué país se ha encontrado al volver?
- Un horror. Una porquería de la que me siento avergonzada. Leo noticias surrealistas, como todo lo que ha ocurrido en la Comunidad de Madrid. 'Dos tipos duros' se queda corta ante la realidad. Sus gángsters palidecen ante los poderosos de verdad, que manipulan todo por dinero hasta extremos que la ficción no puede reflejar.


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