Elena Anaya no es una de las actrices más conocidas de nuestro cine, pero a buen seguro esta guapa joven de aspecto frágil y rasgos de niña inocente está llamada a abanderar la nueva hornada de talentos nacionales. En la última película dirigida por Julio Médem, Lucía y el sexo, interpreta a Belén, un personaje desubicado que intenta encontrar un apoyo, un salvavidas dentro de su vida turbia dominada por el sexo y las pasiones. Una apuesta fuerte en su filmografía que solventa con una buena interpretación. Para ella este papel que le ha ofrecido Médem ha sido todo un regalo
- Desde que comenzó en el mundo de la interpretación cómo ha evolucionado como actriz?
Ha sido un camino muy constante y continuo, sin parones. He tenido períodos de tiempo durante los que no he trabajado y he aprovechado para seguir tomando clases de interpretación en la Escuela Juan Carlos Coraza. Entre rodaje y rodaje esta práctica te ayuda mucho, creo que esta ha sido una de las claves, compaginando trabajo y clases.
- Parece que con Lucía y el sexo puede empezar su despegue ¿no es así?
No lo sé, eso es algo que no me preocupa. Hasta ahora he tenido que ser muy selectiva en mis proyectos y lo único en que me apetece pensar es en interpretar papeles que realmente me digan algo. Desde luego el personaje de Belén me atrajo mucho y por eso acepté. La película me ha gustado mucho.
- ¿Qué criterio de selección tiene para elegir personajes?
No elijo papeles por el minutaje en pantalla o por la taquilla. Selecciono el personaje según lo que me apetece encontrarme a la hora de meterme en él, en su piel. Utilizando un símil, los papeles son puertas que hay que abrir y si bien detrás de esta no me fuera a encontrar un ático espectacular, yo me conformo con una habitación más pequeña pero acogedora para mí. Así es como estoy a gusto.
- ¿Qué fue lo que más le gustó de Belén para decidirse a abrir esa puerta?
Lo que más me gustó de Belén fue mezclar esa parte oscura como con fango, es una chica de las profundidades de la tierra, del mundo. Hay personajes en esta película que están arriba, por el cielo y otros que bajan. El de Belén hace como una inmersión, baja a un mar turbio en el que no se ve más allá. Me gusta mucho lo fantasiosa que es, tiene una realidad desoladora, está sola y su mundo es tan duro que busca una referencia en esa vida que le ha tocado vivir, alguien en quien refugiarse.
- Y esas escenas tan tórridas que hay en la película, ¿no le resultaron difíciles?
Sí es complicado grabar esas escenas pero tuvimos tiempo para practicar, ensayar y fui muy decidida en currar en lo que tenía que hacer, buscarme mis propias imágenes a la hora de tener un consolador en la mano por ejemplo, algo que no es muy cotidiano. Hay que encontrar esas imágenes que den con las fantasías que tiene Belén. Primero las debes tener en la cabeza y luego las interpretas.
- En cuanto a trabajar con el director Julio Medem ¿qué nos puede comentar?
Ha sido todo un regalo. Medem es un director muy exigente que trata de exprimir al máximo a los actores, pero los resultados son espectaculares. Medem crea un cine valiente, arriesgado, crea su propio universo.
- ¿Qué fue lo más complicado del rodaje?
Lo más difícil de mi papel fue rodar con Braco, un rotweiller enorme que es más grande que yo. Daba miedo.